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viernes, 27 de diciembre de 2024

Las redes del odio


 Veo con tristeza que las redes sociales, creadas en principio para comunicarse de forma lúdica, se están convirtiendo cada vez más en estercoleros donde volcar el odio, las frustraciones y todas las miserias humanas imaginables y por imaginar.

El anonimato tras el que se esconden muchos cobardes les da carta blanca para soltar todo tipo de  comentarios que, probablemente, no se atreverían a expresar cara a cara, más que nada porque se la partirían.

El insulto es la respuesta fácil, la descalificación, el juicio sin fundamento, el odio ante la opinión ajena, simplemente porque no coincide con la tuya.


En las redes todo el mundo es experto en política, en economía, en psicología, todo el mundo es juez y jurado y está en posesión de la verdad y la impone sentando cátedra y por la vía de la agresividad y la violencia.

Me temo que esta situación es un reflejo de la realidad. Vivimos en un mundo tensionado, apocalíptico, la negatividad y la agresividad es la energía que mueve el mundo.


Me preguntaréis qué hago yo entonces en las redes sociales si mi visión sobre ellas es tan negativa. Pues estoy porque soy escritora, porque necesito promocionar mi obra y porque intento dar una visión más positiva y optimista de la vida. Pero cada vez me centro más en mi propio universo porque no quiero que me arrastre la marea negra del odio que se extiende como una plaga, y me atrape.

Paz, empatía y amor es lo que deberíamos intentar extender por las redes.

Sed felices.

martes, 13 de junio de 2023

Día del Escritor/a: escribir en España es llorar

 


Los días de tal y cual no son una mera celebración. En realidad son necesarios para volver la atención hacia un colectivo o un problema concreto y para reivindiar derechos o protestar contra una situación determinada.

Como decía Mariano José de Larra hace dos siglos, "escribir en España es llorar". Desconozco cuales serían sus razones para pronunciar semejante alegato, pero lo cierto es que doscientos años más tarde esa afirmación sigue igual de vigente, sino más.

El problema no es escribir, todos los que lo hacemos es porque sentimos esa necesidad y nos hace felices crear historias y personajes, juntas palabras y frases e inventar bonitas figuras literarias. El problema viene después, cuando queremos dar a conocer nuestro trabajo para el disfrute de los lectores y recibir alguna satisfacción después de mucho tiempo y esfuerzo, de trabajo solitario y minucioso. El favor del público es nuestra mejor recompensa. Y también la compensación económica, porque se escribe por amor al arte, sí, pero también los escritores comemos y pagamos facturas.

¿Pero cómo llegamos a ese público si ninguna editorial quiere publicar nuestro libro?

Hoy día parece casi imposible que una editorial acepte un manuscrito, por eso muchos recurren a la denostada autoedición, denostada no sin razón, puesto que todo vale en una plataforma gratuita (en principio) o pagando a una editorial-imprenta que tampoco nos va a poner ninguna pega con tal de embolsarse un buen dinero. Con lo cual en ese mundo al margen de la edición tradicional va a caber lo bueno y lo malo, lo extraordinario y lo pésimo, y es difícil y se hace complicado distinguir el grano de la paja.

En este punto quiero dar las gracias a los lectores que dan confianza a libros y autores que no están respaldados por una editorial y a las editoriales que se molestan en hurgar en ese mar sin fondo de la autoedición para encontrar alguna perla.

Y si tienes suerte y te publica una editorial te encuentras con el irracional reparto pecuniario en el que el
autor (sin el que no existiría el objeto de negocio) se lleva la parte más exigua. Aquí os dejo un gráfico que lo explica mucho mejor que yo.

En fin, que sí, que escribir en España es llorar. Pero ahí seguimos los sufridos escritores y escritoras contra viento y marea porque no lo podemos evitar: escribir es nuestra razón de ser. Al menos, la mía.



domingo, 3 de octubre de 2021

"Lo que resistes, persiste; lo que aceptas te transforma" (Carl Jung)

 


Carl Gustav Jung (1875-1961) fue un médico psiquiatra, psicólogo y ensayista suizo. En sus inicios colaboró con Sigmund Freud, aunque con el tiempo se distanció de él y fundó la escuela de psicología analítica, también llamada psicología de los complejos y psicología profunda.

Tiene una inmensa bibliografía, por lo que es difícil destacar algún título. Su figura incluso ha inspirado alguna película, como "Un método peligroso", que muestra precisamente su relación con Freud y la creación de su propia escuela de psicología.

Tenía una presencia destacada en los libros de texto cuando yo estudiaba la carrera de psicología y creo que es uno de los psicólogos que más ha aportado a la psicología moderna. De hecho sigue presente a diario en el mundo cibérnetico actual en forma de "memes" y de frases suyas con las que es facil encontrarse en las redes sociales.

Os dejo algunas de sus reflexiones más interesantes: 

"Lo que resistes, persiste; lo que aceptas te trasforma", la frase que da título a este post hace referencia a la ACEPTACIÓN. Tendemos a negar lo que no nos gusta, pero la negación crea una resistencia y potencia aquello que negamos creando una guerra absurda contra la realidad. Solo desde la aceptación podemos actuar sobre algo y cambiarlo. No solo lo dijo Jung, esta aseveración también tiene una vertiente en la Física, en la 3ª Ley de Newton: "Toda acción provoca una reacción igual o contraria". Es decir, que cuando me resisto a algo estoy creando una fuerza de oposición, o sea, alimentando aquello contra lo que lucho.


Otras frases de Carl Jung dignas de atención:

"Quien mira hacia afuera, duerme, quien mira hacia dentro, despierta". Esta frase hace referencia al autoconocimiento y la reflexión. No busquemos las soluciones fuera de nosotros sino dentro, en nuestra mente, en nuestras creencias, en los límites que nos hemos impuesto.

"Todos nacemos originales y morimos copias". Nos amoldamos al entorno aun a costa de nuestras propias necesidades y deseos.

"Todo depende de cómo vemos las cosas, no de cómo son en realidad". La percepción que tenemos de la realidad nace de nuestras creencias y aprendizajes. No hay una realidad absoluta ni igual para nadie.

"Todo lo que nos irrita de otros nos lleva a un mejor entendimiento de nosotros mismos". Deberíamos preguntarnos por qué nos molesta algo o alguien, seguramente hay alguna proyeccción de nosotros mismos.

"Hasta que no seas consciente de lo que llevas en tu inconsciente, este guiará tu vida y lo llamarás 
destino". Volvemos al autoconocimiento y la reflexión, conocernos a nosotros mismos, cambiar lo que debamos cambiar, no dejarnos dominar por el Ego.

Hay otras muchas más frases de Jung que vale la pena leer y reflexionar sobre ella. Os animo a buscarlas y ojalá os ayuden a mejorar vuestra vida.



martes, 26 de enero de 2021

La soledad del escritor


 
Hoy me he tropezado con este texto que escribí hace 10 años sin sospechar que la vida propiciaría esa soledad de la que, de algún modo, me quejaba en ese momento. Lo cierto es que hasta se ha pasado (la vida), tanto, que a muchos se nos hace difícil ponernos a la tarea. A mí, entre ellos, lamentablemente.

Hoy día, con los medios que tenemos a nuestra disposición,  todo el mundo puede escribir; y de hecho, así es: cualquier persona puede escribir una novela y publicarla a través de plataformas o editoriales que se dedican a hacer realidad lo que para algunos es un capricho.
Pero ser escritor o escritora es otra cosa.
Ser escritor requiere tiempo, dedicación, disciplina, concentrarse seriamente en el trabajo durante meses o años; requiere soledad, muchas horas de soledad diarias que tal vez un@ preferiría emplear charlando con l@s amig@s, o estando con su familia, o saliendo de fiesta por ahí.
Creo que ser escritor o escritora es el trabajo más solitario del mundo.

Porque en cualquier otro trabajo se tienen compañer@s, clientes. Se puede pintar con otras personas, componer entre amig@s, bailar en un ballet. Pero para escribir un@ tiene que hurgar en su mente, darle vueltas a una idea, ir creando su forma, y después pasarlo al papel (o al ordenador, o a la libreta), y todo ese proceso sólo puede realizarse en soledad.
Yo, por lo menos, soy incapaz de escribir con ruido o gente alrededor; quizás por eso me planteé escribir en serio bastante tarde, porque antes estaba demasiado dispersa.

Y, no sé para vosotr@s, pero para mí, esa exigencia de soledad es lo más duro.

Muchas veces tengo que sacrificar otras cosas que me apetecería hacer para encerrarme sola a escribir; y al cabo de unas horas a lo peor hasta me deprimo porque llevo toda la tarde sola. Pero si salgo y estoy con gente o haciendo cualquier cosa, estoy deseando encerrarme de nuevo para seguir con mi novela...
También es verdad que después de pasarme toda una tarde escribiendo me siento bien, muy bien.
Pero es duro ¿no creéis? Ser escritor o escritora no es tan fácil ni tan bonito como pueda parecer.

viernes, 8 de enero de 2021

El peor año de nuestra vida

Cada vez que finaliza un año a muchos nos gusta hacer balance de lo que ha sido. Este año parece que no tenemos muchas ganas, es lógico, 2020 será siempre un año de infausto recuerdo. Esperemos que el 2021 que recibimos con tanta ansía no nos decepcione y todo vaya mejorando. No ha empezado bien, y eso es normal, cambiar de calendario no opera el milagro, si fuera así, el negro 2020 habría sido el año más corto de la Historia, con gusto le habríamos dado carpetazo en el mes de marzo.

Parece que cada generación tiene una catástrofe reservada para dejar impresa su huella en la historia del Mundo. A nosotros nos ha tocado el Covid19, pero si lo pensamos bien, peor fue la época de nuestros padres y abuelos, con una Guerra Civil y la Gripe Española. El Corona Virus nos ha pillado en plena era de Internet, con avances médicos que han podido paliar sus efectos y que lograrán vencerlo, confiemos, que a corto plazo. No hemos tenido que correr a refugios al sonar las alarmas sin saber si volveríamos a casa, todo lo contrario, solo con refugiarnos en nuestro hogar, rodeados de comodidades, estamos a salvo.

Sé que no es igual para todo el mundo, que muchas personas han fallecido, que muchas familias tienen que lamentar la pérdida de alguno de los suyos, que otros han perdido sus trabajos y sufren las consecuencias económicas, que vivimos una crisis terrible de la que no será fácil salir. Pero quiero aferrarme a la parte positiva de todo esto, que aunque no lo creáis, también la tiene.

Hemos aprendido una lección: no somos invencibles, no somos todopoderosos, tenemos que vivir el momento porque nunca sabemos lo que puede ocurrir. Han cambiado nuestros valores: hemos entendido que son más importantes las personas que las cosas, los sentimientos que las posesiones; el valor de un abrazo, de un beso, la compañía de un ser querido. Hemos aprendido a estar solos, tal vez nos hemos encontrado con nosotros mismos y hemos reflexionado, y probablemente, nunca volvamos a ser los mismos de antes. Ojalá sea así.

Mi balance, al final, es positivo; tal vez, incluso más positivo que otros años. La desgracia no me ha tocado de cerca, he tenido momentos felices y los he disfrutado en los breves espacios de tiempo en que me ha estado permitido hacerlo; he sufrido como todos la soledad, el aislamiento, sobre todo en el último trimestre que por cuestiones personales me he sentido al borde del abismo, pero he sacado un gran aprendizaje de todo ello y he salido fortalecida y más sabia. 

¡Incluso he publicado una nueva novela!

En esta ocasión, suena superfluo desearos feliz año nuevo sin más. Os deseo fortaleza, salud y buen ánimo para afrontar lo que nos quede y fe en que saldremos adelante y recuperaremos nuestras vidas, por lo menos, tal como eran.

jueves, 30 de enero de 2020

Escribir como terapia

¿Quién no ha escrito un diario en algún momento de su vida? ¿O tal vez un poema? Es algo instintivo, una necesidad de expresarse, de comprenderse a uno mismo. No hace falta ser escritor para coger un cuaderno y un bolígrafo y plasmar sobre la hoja en blanco nuestros pensamientos y sentimientos desterrando el temor de ser juzgados, nadie va a leer lo que escribimos, incluso podemos romper el escrito una vez haya cumplido su función terapéutica. Aunque también es posible que queramos guardarlo y releerlo pasado un tiempo. Eso nos puede ayudar a comprobar si hemos evolucionado, si hemos resuelto un problema o si vamos en buena dirección.

Los pensamientos se agolpan en nuestra mente, se pisan, se enredan, nunca se detienen. Ponerlos sobre el papel nos obliga a ordenarlos y ese simple acto nos ayuda a clarificarlos, a darnos cuenta de lo que nos ocurre. A veces, incluso encontramos la solución a un problema que se manifiesta claramente en ese dejarnos fluir. Y, cuando menos, el mero hecho de escribir, de sacar de nuestro interior lo que nos atormenta, lo que nos preocupa, nos sirve de desahogo, nos ayuda a aligerar esa carga, a lo mejor incluso a desprendernos de ella.

Al atrapar ese pensamiento volátil y plasmarlo en el papel le damos una entidad física, deja de  ser
algo abstracto y podemos trabajar con ello,  ser conscientes de lo que nos ocurre y buscar la mejor solución.

Decía Vargas Llosa que escribía para liberar sus demonios internos; muchos empezamos a escribir por eso, o porque no nos gusta la realidad que nos rodea. Dicen que los escritores somos algo neuróticos  y por eso nos dedicamos a crear otros mundos, a inventar historias en las que damos salida a nuestros "fantasmas" personales. En una novela podemos decir, por boca de un personaje, aquello que no nos atrevimos a decir nunca, podemos incluso matar sin consecuencias ni derramar  una gota de sangre, podemos hacer realidad nuestros sueños más improbables.

Cualquiera puede hacer lo mismo sin necesidad de ser escritor y obtener los mismos beneficios.

Escribid y os sentiréis mejor. Además, es una terapia muy económica.

viernes, 3 de enero de 2020

2020. Suma y sigue

El mar, serenidad y calma


Hasta ahora no he tenido mucho tiempo de pararme a reflexionar sobre cómo ha sido mi 2019 y lo que espero del 2020.


Como decía un amigo, por más que cambiemos de año, de década y que el número sea bonito (2020), no deja de tratarse de un "suma y sigue". Los años no son buenos ni malos, solo son formas de acotar, de organizar nuestro tiempo y tener una cierta noción de su devenir, que puede coincidir con etapas mejores o peores de nuestra existencia.


Perito Moreno (Argentina)




Sin embargo, también creo que el inicio y el final de cada año marcan un punto de inflexión y nos invitan a detenernos y reflexionar sobre nuestra vida, sobre cómo la estamos llevando, si debemos cambiar algo o vamos por el buen camino (balance), sobre cómo planificar nuestros pasos hacia la meta a la que deseamos llegar (los propósitos). No hay nada de mágico en un año u otro. Al final lo único que cuenta es lo que hacemos y sus consecuencias, sin dejar de lado circunstancias ajenas a nuestra voluntad, claro está, pero lo que importa es la manera en que las afrontamos.

Nuevo libro publicado





En general tengo la sensación de que mi 2019 no ha estado mal. Lo empecé viajando (Italia), lo he terminado viajando (Francia) y por medio he conseguido realizar uno de mis viajes más largamente soñados: Argentina. 
He publicado dos libros: uno colectivo, Siete, y otro de viajes, precisamente: Mis viajes por el mundo en un puñado de páginas. Mis dos grandes pasiones se han visto satisfechas.


En el terreno personal ha habido alguna persona que ha salido de mi vida, probablemente porque no me aportaba nada (ni yo a ella), y ha habido quien ha entrado y espero que se quede mucho tiempo, pero eso ya se verá.

Presentación de 7Siete





Anímicamente me siento bien, tranquila, razonablemente feliz.


Por eso no hay propósitos nuevos ni tengo nada que pedirle al bonito 2020 (ya voy al gimnasio, no fumo, como sano, escribo, viajo... :) ). 


Tengo una novela terminada que se publicará este año, proyectos de viajes y ganas de seguir disfrutando de la vida. ¿Qué más puedo pedir? Solo quiero más de lo mismo. 


En Albí (Midi-Francés)





Mis mejores deseos para todos los que se pasan por aquí.
¡Feliz 2020!








lunes, 26 de noviembre de 2018

La gente feliz no escribe novelas


La gente feliz no escribe novelas, y probablemente, tampoco las lee.

Si nos fijamos en la respuesta de la mayoría de escritores ante la pregunta de ¿por qué escribes?  suelen ser de carácter dramático, trascendental, de insatisfacción, de mucho comerse el coco, ¡vaya!

Dice Vargas Llosa: "para exorcizar mis demonios"; Paul Auster:" intentamos sacarle partido a nuestras heridas"; Antonio Tabucchi; "porque estamos aquí y querríamos estar allí"; Andrés Newman: "escribo porque el dolor agradece que lo nombren".

Hay  respuestas más alegres y despreocupadas, claro está. Hay quien dice que escribe para ganar dinero (?), otros que porque no saben hacer nada más, y también los hay que dicen hacerlo porque les divierte.

De lo que no cabe duda es de que tiene que existir dentro del escritor un componente de melancolía, de cubrir una necesidad, de crear para satisfacerla, de exteriorizar sentimientos, ansias, anhelos; quizá de escapar, de inventar mundos mejores. Y todo eso, si no encuentra salida, crea ansiedad. Y la ansiedad es  desasosiego, incomodidad.

¿Por qué si no íbamos a encerrarnos a solas en una habitación durante horas y horas? No me imagino yo a un niño bien, con su coche deportivo, la música a toda máquina, dinero en el bolsillo y amigos con los que salir de farra cada noche haciendo semejante "locura".

Los locos somos los inconformes, los que pensamos, los que sufrimos, los soñadores...

¿O no es así?


Reflexiones de una escritora en un lunes lluvioso.
¡Feliz semana a tod@s!