Tuve una cuando empezaba, y muy buena por cierto, pero cometí un error de novata: tras el éxito de mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, me impacienté al comprobar que mi segunda novela no encontraba editorial tan fácilmente y decidí intentarlo por mi cuenta. Publiqué Habana Jazz Club en Amazon y me fue bien, incluso fue traducida al inglés y al alemán. Y de nuevo tuve suerte con la tercera, El caparazón de la tortuga, que fue finalista en el concurso literario Storyteller y me dio no pocas alegrías y beneficios económicos.
por lo que decidí volver a la publicación tradicional con editorial. Desde entonces he tenido mejor o peor suerte con mis novelas, pero a estas alturas me doy cuenta de que para acceder a una editorial de peso es necesario un agente. Pero, ¡oh, sorpresa!, los agentes literarios son tan inaccesibles como las editoriales. O no te atienden (porque están saturados) o ¡pretenden cobrarte incluso por leer tu manuscrito!
¡Flipa, Mari Pili!
Así que solo nos queda seguir escribiendo porque necesitamos hacerlo, disfrutar ese momento de creación y después... Ya se verá.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Y tú qué opinas?