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viernes, 27 de diciembre de 2024

Las redes del odio


 Veo con tristeza que las redes sociales, creadas en principio para comunicarse de forma lúdica, se están convirtiendo cada vez más en estercoleros donde volcar el odio, las frustraciones y todas las miserias humanas imaginables y por imaginar.

El anonimato tras el que se esconden muchos cobardes les da carta blanca para soltar todo tipo de  comentarios que, probablemente, no se atreverían a expresar cara a cara, más que nada porque se la partirían.

El insulto es la respuesta fácil, la descalificación, el juicio sin fundamento, el odio ante la opinión ajena, simplemente porque no coincide con la tuya.


En las redes todo el mundo es experto en política, en economía, en psicología, todo el mundo es juez y jurado y está en posesión de la verdad y la impone sentando cátedra y por la vía de la agresividad y la violencia.

Me temo que esta situación es un reflejo de la realidad. Vivimos en un mundo tensionado, apocalíptico, la negatividad y la agresividad es la energía que mueve el mundo.


Me preguntaréis qué hago yo entonces en las redes sociales si mi visión sobre ellas es tan negativa. Pues estoy porque soy escritora, porque necesito promocionar mi obra y porque intento dar una visión más positiva y optimista de la vida. Pero cada vez me centro más en mi propio universo porque no quiero que me arrastre la marea negra del odio que se extiende como una plaga, y me atrape.

Paz, empatía y amor es lo que deberíamos intentar extender por las redes.

Sed felices.

martes, 19 de febrero de 2019

La influencia de Internet en nuestras vidas



Hoy os quiero comentar una conferencia a la que asistí ayer, impartida por Franco Berardi e Ingrid Guardiola, que me impactó  y me dio qué pensar.
Y aunque no se trate de un tema estrictamente literario, hay que reconocer que Internet ha influido mucho en los escritores de hoy, tanto a nivel de promoción como de la facilidad que nos ofrece para publicar nuestras obras.

Pero no vamos a hablar de escritores sino de la influencia que tiene Internet en la vida de todos los que lo utilizamos.

Voy a comentar de forma muy resumida (para no aburriros), algunos puntos que se tocaron en la conferencia y ahí lo dejaré, para que cada uno le dé al "coco" y saque sus propias conclusiones.

Capitalismo psíquico: se refiere a la acumulación de datos personales por parte de los gigantes de Internet que les permiten manipularnos en todos los sentidos, ya sea político, social, económico, incluso moldear nuestro pensamiento y sentimientos (tremendo, ¿no?).

La soledad del ermitaño hiperconectado: el título ya lo dice todo...


Performance: es la "película" que nos montamos para "vender" a los demás, que muchas veces, poco tiene que ver con nuestra propia realidad.

Voyerismo: es un instinto que tenemos todos. ¿A quién no le gusta meter las narices en la vida de otros? Y eso nos produce una satisfacción, claro.

la opacidad de la transparencia: parece una incongruencia, pero es cierto que cuanto más  nos abrimos (aparentemente), más opacos resultamos porque no ofrecemos una imagen real sino la que queremos transmitir.

Gratificación: los likes son el opio de los internautas. Y está demostrado que recibirlos o no tiene uno efecto en nuestros neurotransmisores (dopamina, serotonina, etc), y por tanto, en nuestra felicidad o desdicha.

Autogratificación y ser cuantificado: a todos nos gusta ser reconocidos y valorados por los demás. Todos y cada uno de nosotros nos sentimos el ombligo del mundo en las redes sociales.

El cuerpo postproducido: damos una imagen tan ficticia en Internet que nos disgregamos de nosotros mismos y luego nos esforzamos por convertirnos en ese "yo" que hemos creado. (¡Alucinante!)

La soledad: nos aislamos del mundo precisamente para estar conectados a él. Nos creamos nuestra propia prisión. Es una soledad autoimpuesta.

La cultura del odio: tras la pantalla parece que todos somos jueces, lo sabemos todo, dominamos todas las materias y estamos en posesión de la verdad absoluta. Por eso nos permitimos criticar sin piedad, juzgar, castigar, incluso unirnos en masa para hundir a otro. Creo que de ese modo (y esto es de mi cosecha) damos rienda suelta a nuestras frustraciones, nuestros fracasos y nuestros miedos.

En definitiva, la gratificación que nos produce Internet, y en particular las redes sociales, nos ha convertido en adictos y seres altamente manipulables.

Es para pensar en ello ¿no?



domingo, 13 de diciembre de 2015

Feisbulandia, ¿un mundo feliz?

Sé que algunos de los más fieles seguidores de este blog se resisten de forma empecinada a entrar en el mundo de Facebook, y probablemente hacen bien. Otros, sucumbimos hace tiempo. Yo lo hice por consejo de algún compañero cuando se publicó mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú, y estoy segura de que FB contribuyó de forma notable al éxito que obtuvo el libro.

Para los escritores FB es un enorme escaparate que nos da la posibilidad de llegar a rincones inimaginables, nos permite interaccionar entre nosotros y  nos acerca a los lectores, que es lo más importante.

Pero con el tiempo te das cuenta de que FB se acaba convirtiendo en un patio de vecinos en el todos acabamos conociéndonos, cada quién con sus  filias y  sus fobias, algunos con intereses creados, con falsas palmaditas en la espalda (el famoso "me gusta").Todos exhibimos nuestra mejor sonrisa, nuestros éxitos, nuestra felicidad, que para eso estamos en  Feisbulandia, y como si de un acuerdo tácito se tratase, guardamos los trapos sucios en casa, o lo que es peor: los sacamos en petit comité y ponemos verde a la vecina que nunca se enterará de por qué de repente fulanita la mira mal o ya no le habla, y no tendrá  oportunidad de defenderse; o vendemos nuestras penas, somos las más buenas y generosas para ganarnos la compasión y el favor del grupito que nos interesa, pero nunca mostramos nuestra verdadera cara en público porque eso no es popular ni políticamente correcto.

Sin embargo, FB también tiene cosas buenas. Personalmente me ha permitido reencontrar amigos, hacer otros nuevos y conectar con los lectores que son los que me animan día a día a seguir escribiendo.

En fin, que estoy con gripe y la moral baja. Y no sé si alguien tenía que decirlo, pero yo me moría de ganas de hacerlo.

¡Feliz semana!