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viernes, 25 de julio de 2025

Viaje a Túnez





Hacía muchos años que deseaba hacer este viaje, era el que me quedaba pendiente del norte de África ya que en ocasiones anteriores he visitado Egipto y Marruecos, pero por unas cosas u otras nunca le llegaba el momento.


Debo decir que aunque me hacía mucha ilusión me ha decepcionado bastante. Tiene muchos yacimientos romanos bien conservados y eso me gustó mucho, también algunos pueblos costeros como Sidi Bou Said que son tal como yo los imaginaba, con sus casas blancas y sus puertas y ventanas azules. Pero la ciudad de Túnez me pareció triste, sucia y abandonada; solo cabe destacar la medida, que por otra parte es como todas las medinas del norte de África.


Túnez ha perdido el encanto de antaño y su atractivo turístico, hay muchos hoteles abandonados a medio construir, mucha pobreza en las calles. Probablemente sea consecuencia del atentado que sufrió el Museo del Bardo que costó la vida a una veintena de turistas en 2015, pero eso también ocurrió en Egipto y no por ello han disminuido el turismo.


El calor infernal tampoco ayudó. Había excursiones al desierto o a un maravilloso anfiteatro romano  programadas a las 2 de la tarde con  42 grados como mínimo y sin una sola sombra bajo la que refugiarse. Vale que fuimos a finales de junio y en España también había una ola de calor, pero cuando estoy en mi casa no salgo a pasear a las horas más calurosas.


Vale la pena visitar las casa trogloditas de Matmata, el enclave de la Guerra de las Galaxias y algunos puntos más.


Con todo esto no quiero decir que no disfrutara del viaje, la verdad es que lo pasamos muy bien, calores aparte. Pero es el último viaje programado que hago, prefiero ir a mi aire como he hecho siempre, pero pensé que de esta manera lo aprovecharíamos mejor. Y sí, se aprovecha, a golpe de pito.


No cuento más porque pienso escribir un libro sobre este viaje, la verdad es que dio de sí en todos los sentidos...



lunes, 6 de enero de 2025

Fin de año en Burdeos




Hacía mucho tiempo que deseaba conocer la ciudad de Burdeos, al sudoeste de Francia, y este año se presentó la oportunidad de despedir allí un año y dar la bienvenida o otro.

Burdeos es una ciudad preciosa, está atravesada por el río Garona y cuenta con un centro histórico amurallado declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al que se accede a través de seis puertas, a cual más hermosa. La ciudad fue construida casi en su totalidad en el siglo XVIII, es elegante, con edificios a media altura que crean un conjunto armónico, respira historia, arte y buen vino, no en vano es una de las zonas vinícolas más importantes de Europa y está rodeada de viñedos. Es lo bastante pequeña como para recorrerla a pie, pero dispone de una excelente red de tranvías y autobuses que cubren toda la ciudad a un precio bastante más asequible que en Barcelona, por cierto.

Lamentablemente, pillamos la semana más fría del año (de -3 a +4 grados durante el día), pero había que
patearse la ciudad. Llevábamos ropa doble, guantes, gorro y bufanda y cada vez que nos quitábamos un guante para hacer una foto la mano se nos congelada; en las fotos no se nos ve la cara, de tan tapadas que íbamos, pero no importa, la ciudad se ve preciosa.


El fin de año lo celebramos en el apartamento, nos aseguraron que no se hacía nada en la calle, normal, teniendo en cuenta que había -3 grados a las 8 de la tarde. Compramos champagne, picoteo y lo pasamos estupendamente viendo la celebración de París en la tele con los Campos Eliseos abarrotados, allí sí. De todas formas, los franceses son bastante aburridos, aunque encontramos gente muy maja y muchos chapurreaban el español y nos comentaban los lugares que conocían de España.

Por cierto que, nuestro insigne pintor, Don Francisco de Goya, pasó allí sus últimos años. La anécdota es
que cuando se desenterró su cuerpo para trasladarlo a España no tenía cabeza… nunca se supo que ocurrió ni fue encontrada.

En resumen, ha sido un viaje estupendo y un fin de año diferente. Si no la conocéis, os animo a visitar Burdeos.

























viernes, 3 de enero de 2020

2020. Suma y sigue

El mar, serenidad y calma


Hasta ahora no he tenido mucho tiempo de pararme a reflexionar sobre cómo ha sido mi 2019 y lo que espero del 2020.


Como decía un amigo, por más que cambiemos de año, de década y que el número sea bonito (2020), no deja de tratarse de un "suma y sigue". Los años no son buenos ni malos, solo son formas de acotar, de organizar nuestro tiempo y tener una cierta noción de su devenir, que puede coincidir con etapas mejores o peores de nuestra existencia.


Perito Moreno (Argentina)




Sin embargo, también creo que el inicio y el final de cada año marcan un punto de inflexión y nos invitan a detenernos y reflexionar sobre nuestra vida, sobre cómo la estamos llevando, si debemos cambiar algo o vamos por el buen camino (balance), sobre cómo planificar nuestros pasos hacia la meta a la que deseamos llegar (los propósitos). No hay nada de mágico en un año u otro. Al final lo único que cuenta es lo que hacemos y sus consecuencias, sin dejar de lado circunstancias ajenas a nuestra voluntad, claro está, pero lo que importa es la manera en que las afrontamos.

Nuevo libro publicado





En general tengo la sensación de que mi 2019 no ha estado mal. Lo empecé viajando (Italia), lo he terminado viajando (Francia) y por medio he conseguido realizar uno de mis viajes más largamente soñados: Argentina. 
He publicado dos libros: uno colectivo, Siete, y otro de viajes, precisamente: Mis viajes por el mundo en un puñado de páginas. Mis dos grandes pasiones se han visto satisfechas.


En el terreno personal ha habido alguna persona que ha salido de mi vida, probablemente porque no me aportaba nada (ni yo a ella), y ha habido quien ha entrado y espero que se quede mucho tiempo, pero eso ya se verá.

Presentación de 7Siete





Anímicamente me siento bien, tranquila, razonablemente feliz.


Por eso no hay propósitos nuevos ni tengo nada que pedirle al bonito 2020 (ya voy al gimnasio, no fumo, como sano, escribo, viajo... :) ). 


Tengo una novela terminada que se publicará este año, proyectos de viajes y ganas de seguir disfrutando de la vida. ¿Qué más puedo pedir? Solo quiero más de lo mismo. 


En Albí (Midi-Francés)





Mis mejores deseos para todos los que se pasan por aquí.
¡Feliz 2020!








martes, 10 de diciembre de 2019

Nuevo libro: "Mis viajes por el mundo en un puñado de páginas"



Hace apenas una semana publiqué mi libro número nueve: Mis viajes por el mundo en un puñado de páginas.

En esta ocasión se trata de una obra de no ficción que narra mis aventuras viajeras a lo largo y ancho del mundo desde los años ochenta hasta la actualidad.

Debo decir que he disfrutado mucho escribiéndolo y desempolvando álbumes de fotos, diarios y recuerdos para revivir viajes que se remontan a mi  más temprana juventud, cuando no teníamos móviles ni GPS, todavía se podía viajar en auto-stop y el turismo (el viaje) no estaba tan "democratizado" como para tener que controlar el acceso de visitantes a determinados lugares.

Grecia (1990)


No están incluidos todos los viajes que he realizado en estos años, sería demasiado largo y probablemente, tedioso. He hecho una selección de los que me han parecido más interesantes y divertidos, con lo que los lectores podrán visitar conmigo países como Cuba, Turquía, Egipto, Grecia, Tailandia, Malta, Italia, Marruecos, los EEUU y ciudades como París, Londres, Bruselas, Dublín, San Petersburgo, Dubrovnik y un largo etcétera.

Dublín (2010)



Viajaremos en coche, tren, barco, avión, incluso, como he dicho antes, en auto-stop. Nos hospedaremos en tiendas de campaña, pensiones, hoteles, casas particulares, camarotes,  y dormiremos al raso bajo las estrellas.


Espero haber sabido transmitir en este libro las sensaciones que yo viví en su momento, los sentimientos que me despertaron los lugares que descubría, las experiencias más amables y las que no lo fueron tanto, pero por encima de todo, mi pasión por los viajes y la aventura, y tal vez despertar en el lector ese mismo anhelo y animarlo a emprender un viaje. De no ser eso posible, siempre nos quedará viajar a través de los libros, que no es mala forma tampoco de hacerlo .

Tailandia (2016)






Podéis encontrar el libro en Amazon, tanto en formato ebook como en edición impresa. Y no olvidéis dejar una reseña cuando lo hayáis leído, eso ayuda a otros lectores y también a la autora.

martes, 12 de noviembre de 2019

Viaje a Argentina. Un sueño siempre postergado y por fin cumplido

En el Café Tortoni, Buenos Aires


Ni siquiera puedo recordar los años que llevaba deseando conocer la Argentina, muchos, pero siempre iba quedando para más adelante. Argentina está muy lejos, es un viaje duro, largo, caro por su lejanía, un país enorme con climatologías distintas a lo largo y ancho... Había que pensarlo bien, encontrar el momento, tener los medios para hacerlo.


Ushuaia
Y por fin surgió la oportunidad. Hace un año mi amiga Bibiana y yo decidimos liarnos la manta a la cabeza y lanzarnos a la aventura. Teníamos poco tiempo, ella, que es librera, solo disponía de dos semanas de vacaciones. Sabíamos que era poco tiempo para conocer un país tan vasto como ese, por lo que decidimos limitarnos a los cuatro puntos más representativos y que más nos ilusionaban: Buenos Aires, Ushuaia, el Calafate, Iguazú... Una locura...


En apenas dos semanas hemos volado en 9 aviones, hemos viajado de punta a punta del país, hemos estado un par de días a lo sumo en cada sitio sin tan siquiera deshacer la maleta, hemos madrugado a diario y caído en la cama rendidas cada noche después de caminar lo que no está escrito.

El tren del fin del mundo, Ushuaia

Pero lo que nos hemos llevado en la retina y en el corazón vale ese esfuerzo y mucho más.

El glaciar Perito Moreno, en el Calafate

Nos asomamos al fin del mundo en Ushuaia, recorrimos la Tierra del Fuego y navegamos por el canal  de Beagle. Nos emocionamos ante la visión del glaciar Perito Moreno hasta las lágrimas contemplando sus formas, sus tonalidades azules, su majestuosidad. Nos fuimos hasta Iguazú para extasiarnos ante las cataratas más impresionantes del mundo y recorrimos el parque nacional para contemplarlas desde todos los ángulos; la caída de toneladas de agua que se precipitan por la "garganta del diablo" con un estrépito ensordecedor es algo que no se puede explicar, hay que vivirlo; sentir las salpicaduras del agua en el rostro y empaparte por completo es fundirse con la naturaleza y cargarse de toda su energía. Dan ganas de gritar de felicidad.
Aquel mismo día, por la tarde, cruzamos a Brasil para contemplar las cataratas desde allí, que no resultan menos espectaculares.




Cataratas de Iguazú, Argentina
Nos quedaba Buenos Aires, ciudad mítica, grandiosa; nos dejamos las suelas de los zapatos caminándola toda; el Obelisco, el barrio de la Boca, la calle Corrientes, Florida, el café Tortoni frecuentado antaño por intelectuales y artistas no podía faltar en el recorrido de una escritora y una librera; tampoco la librería Ateneo que había sido un teatro y ahora es una espléndida librería donde residió por un tiempo mi primera novela, Nunca fuimos a Katmandú.

Cataratas de Iguazú, Brasil


Pero no nos pasó desapercibida la parte más dura de esta maravillosa ciudad: las crisis políticas y económicas que se han ido sucediendo han llenado las calles de personas sin hogar mientras otros, los más jóvenes, intentan vender lo que sea para subsistir día a día. Lamentable. Es una pena que un país tan hermoso, con tanto que ofrecer tenga que vivir esta situación. Sin embargo, los argentinos no pierden nunca su simpatía, ese especial encanto y ese afecto por nuestro país en el que todos tienen algún pariente.



Un banco dedicado a Mafalda, Buenos Aires



Los días pasaron volando y el viaje tocaba a su fin. Nos fuimos con ganas de volver y lo haremos algún día. Queda mucho por descubrir todavía y ojalá podamos hacerlo en un futuro con más calma. De ese segundo viaje nacerá probablemente un libro en el que pueda narrar mis vivencias con más detalle, porque Argentina su naturaleza exuberante y sus gentes se lo merecen.





martes, 26 de febrero de 2019

Leer, escribir, viajar



Siempre se ha dicho que leer es una forma de viajar, y no solo en un sentido figurado, sino real. Los libros evocan lugares, o los muestran de forma directa a través de la experiencia del autor, y hacen nacer en nosotros el deseo de conocerlos, de ver con nuestros propios ojos aquello que nos han contado.
Personalmente, me hace mucha ilusión  cuando alguien me escribe para decirme que ha estado en tal o cual país y se ha acordado de alguna de mis novelas que transcurría allí.

Y acabo de darme cuenta de que en la mayoría de los libros que he escrito queda patente mi pasión por los viajes. Algunos los he escrito antes de conocer el país, y como a los lectores, el escribir sobre ellos me ha impulsado a visitarlos; otros, por el contrario, han nacido de una experiencia vivida, a veces por el mero hecho de rememorarla, de revivir ese viaje.



Valga como ejemplo que escribí Nunca fuimos a Katmandú, como queda patente en el título, sin haber estado nunca allí. Lo que me animó a hacer ese viaje y a mi regreso nació  Nepal cerca de las estrellas, narrando mi experiencia.



Habana Jazz Club la escribí a base de documentación, películas y libros. Al final, sabía tanto de esa ciudad que solo me quedaba constatarlo y no me pude resistir. Cuando estuve en La Habana me emocionaba comprobar que era tal y como yo la había descrito sin conocerla y se me saltaban las lágrimas frente al malecón.


En El caparazón de la tortuga se narra un viaje del protagonista que para mi es todavía un deseo por cumplir: recorrer el Sudeste Asiático. Y espero hacerlo pronto.


Con la muerte en los tacones encierra entre sus páginas el
recuerdo de un maravilloso viaje por Sicilia.



En Tras las bambalinas aparece otro lugar que vive en mi recuerdo: Hollywood. Además de Madrid, pero eso ya es más de andar por casa, jeje.





Y en mi nueva novela (en la que todavía estoy trabajando) no me he podido resistir a dar un gran protagonismo a París, ciudad de la que me declaro absolutamente enamorada.

Habrá más libros y más viajes (espero). Siempre soñé con ser una escritora viajera, o una viajera escritora, no lo sé y tampoco importa. Me hace tan feliz lo uno como lo otro y espero seguir compartiendo mis dos pasiones con muchos lectores.




martes, 11 de septiembre de 2018

Descubriendo Catalunya: cementerio modernista e iglesia románica de Olius

Entrada del cementerio modernista de Olius


Y seguimos viajando, que también es una manera de hacer cultura, pero en esta ocasión por Catalunya, sin ir más lejos.


Olius es una población de la comarca del Solsonés (Lleida), y lo que más destaca en ella es su iglesia románica, Sant Esteve de Olius, y frente a ella, a escasos metros, se encuentra el cementerio modernista construido en  1916  por el arquitecto Bernardí Martorell, discípulo de Antonio Gaudí, cuya influencia es evidente en todo el recinto.

Vista del cementerio





Lo que hace más original  a este cementerio es que está construido adaptándose al terreno y respetando los recursos naturales, ya que era una zona rocosa y las tumbas están encajadas entre las rocas creando un paisaje único.





Cripta de Sant Esteve de Olius





La iglesia de Sant Esteve de Olius data de el siglo X y fue construida por la gente del pueblo; su consagración tuvo lugar en el año 1079 y en ella merece una mención especial la belleza de la cripta.
Exterior de la iglesia de Olius










Más imágenes en Facebook.

martes, 24 de julio de 2018

Navegando por el Báltico: Helsinki

Embarcadero y catedral de Uspenski al fondo

La primera escala de nuestro crucero era la capital de Finlandia, Helsinki. Desembarcamos a primera hora de la mañana con lluvia, frío y viento. A pesar de encontrarnos a principios de julio la temperatura apenas alcanzaba  los 10º y me arrepentí de no haberme llevado un buen anorak y ropa de riguroso invierno, y no exagero. Lo cierto es que aquel tiempo tan frío tampoco era normal y a la semana siguiente Helsinki disfrutaba de un verano suave, que es lo habitual en esta época del año y  lo que yo esperaba encontrar durante mi estancia, pero tuvimos mala suerte y siempre asociaré Helsinki con el frío que pasé allí. Una pena.

Catedral luterana de Helsinki

A pesar de todo había que aprovechar el día y disfrutar de la ciudad dentro de lo posible. Nuestra primera parada fue en la Iglesia de la Roca, llamada así por estar escavada en una pared de roca y ser medio subterránea. Tiene una arquitectura moderna y muy original, y pese a ser un lugar de culto se utiliza para conciertos, ya que tiene una magnífica acústica.


Después nos encaminamos al corazón de la ciudad y visitamos la catedral de Helsinki, en la plaza del Senado; una bella iglesia luterana blanca con cúpulas azules.


Y nuestra siguiente parada fue en la catedral de Uspenski, junto al puerto de la ciudad, ortodoxa y con un aire mucho más ruso; para mi gusto la más bonita de todas.

Órgano de la iglesia de la roca

Sí, ya lo sé. Para ser agnóstica me hartado de visitar iglesias, pero son auténticas maravillas arquitectónicas en cualquier ciudad del mundo y vale la pena conocerlas.


Afortunadamente había dejado de llover, aunque el frío se nos seguía metiendo hasta los huesos. Dimos una vuelta por el puerto y por el mercado lleno de puestos tradicionales de ropa y recuerdos y una zona de frutas y verduras dispuestos de manera muy atractiva para tentar a los turistas.

Puerto de Helsinki


Nos metimos en un café para entrar en calor y conectarnos a Internet. Hasta ese momento no nos habíamos podido comunicar con familia y amigos ya que en el barco la conexión es muy cara y aprovechábamos para conectarnos en los puertos.

Catedral de Uspenski

Nos hubiera gustado ir a un parque con un curioso monumento  al compositor finlandés Sibelius, pero quedaba un poco alejado y el tiempo no nos daba más de sí. Es lo que tiene viajar en un crucero: el tiempo de las escalas es muy limitado y solo puedes hacerte una ligera idea de las ciudades que visitas y tomar nota para dedicarles una visita más amplia si así lo deseas.


Próxima parada: San Petersburgo.

sábado, 14 de julio de 2018

Navegando por el mar Báltico

El el Costa Mágica


Acabo de regresar de mi segundo crucero, que en realidad era el primero y el único que quería hacer, pero cuando se me ocurrió el año pasado ya era demasiado tarde: solo hay cruceros por el Báltico desde primavera hasta otoño, ya que el frío y los hielos lo hace imposible durante el resto del año.
Ahora lo entiendo con claridad meridiana: el frío que pasé en Helsinki a primeros de julio no se me olvidará nunca...



Contemplando la medianoche en Estocolmo


El año pasado, por tanto, optamos por el mar Adriático y el Jónico y nos embarcamos en el Costa Luminosa, y al ser nuestro primer crucero, fue una magnífica experiencia; todo nos sorprendía, el lujo del barco, el esmerado servicio, la gran cantidad y variedad de actividades a bordo y unos puertos de ensueño.


Este año por fin, navegaríamos por el Báltico. Pero debo confesar que la experiencia no ha sido tan maravillosa (segundas partes nunca fueron buenas). Las comparaciones eran inevitables y el Costa Mágica luce bastante menos que el Costa Luminosa; el servicio no es tan exquisito, ni las actividades tantas ni tan viariadas, y además sufrí algún que otro percance.

Doce de la noche en Estocolmo

Aún así, los destinos seguían siendo de ensueño: Estocolmo (Suecia), Helsinki (Finlandia), San Petersburgo (Rusia) y Tallinn (Estonia).


El 30 de junio, transidas de emoción, volamos de Barcelona a Estocolmo con Vueling, sin contratiempos. En el aeropuerto de Arlanda (Estocolmo) nos recibió el personal de Costa y nos llevaron hasta el barco con una organización perfecta.
Tomamos posesión de nuestro camarote y nos aventuramos a visitar la nave (que es como una pequeña ciudad con restaurantes, tiendas, teatro, psicinas, spa, casino, de todo) hasta la hora de la cena.

Navegando entre islas


Nuestra mesa en el restaurante se encontraba en la popa del barco y a través de los grandes ventanales podíamos disfrutar cada noche de las puestas de un sol que no se ponía nunca del todo. Un magnífico espectáculo.

El día siguiente era de navegación hacia Helsinki y lo pasamos contemplando un mar salpicado de las miles de islas que componen Suecia, tomando el sol a ratos (ya que la temperatura, pese a haber entrado en el mes de julio, era notablemente más baja que en Barcelona), y disfrutando de las distintas actividades que se nos ofrecían a bordo: música en vivo, teatro o juegos. Para terminar con una buena cena y  un poco de música y baile antes de retirarnos al camarote.

En la piscina



A la mañana siguiente nos despertaríamos en Helsinki, pero eso os lo contaré en el próximo episodio.

martes, 2 de enero de 2018

Toca resumen y propósitos

Con mi hijo Álvaro

El 2017 me deja un buen sabor de boca a nivel personal, que no en lo general, ya que ha sido un año muy difícil particularmente para Catalunya, tierra en la que nací, en la que vivo y a la que amo sin dejar de ser ciudadana del mundo.

Tampoco ha sido nada fácil para ese Mundo, con mayúscula, del que todos formamos parte. Y no voy a enumerar todo lo malo que nos ha entristecido y sobresaltado porque es de sobra conocido.

París



Centrándome en mi 2017 particular debo decir
que lo despido con cariño y agradecimiento. He escrito nuevas historias, he publicado otro libro, he viajado y he intentado disfrutar del día a día, a veces a lo grande y más a menudo de manera íntima y sencilla, saboreando las pequeñas cosas.

Por lo tanto el balance es positivo, y al 2018 solo puedo pedirle más de lo mismo: seguir escribiendo, publicar un nuevo libro (que será para abril), disfrutar de más viajes (no sé dónde ni cuándo pero los habrá), y continuar llenando mis días de vida, de alegría y de pequeños y grandes momentos.

Acrópolis de Atenas




Aunque a decir verdad, no es al año a quien tengo que pedirle ni agradecerle nada; al fin y al cabo, no es más que el transcurrir del tiempo que hemos decidido compartimentar de una manera determinada, sino a mí misma, a mi esfuerzo y mi actitud ante la vida, y a las personas que me rodean, que me quieren y apoyan.

Los años no son buenos ni malos per se, somos nosotros quienes vamos llenando esas hojas en blanco del calendario con nuestras acciones, nuestros pensamientos y nuestros deseos.

Presentación de "Con la muerte en los tacones"




Así que mis deseos para el año que empieza son en realidad mis propósitos.

En este momento tenemos ante nosotros un cuaderno en blanco (siempre me ha encantado estrenar cuadernos). Espero y deseo que los vuestros, al igual que el mío, se llenen de todo cuanto deseáis.


Otra presentación de "Con la muerte en los tacones"







¡FELIZ 2018!

lunes, 30 de octubre de 2017

Mi primer crucero, pero no el último

Primer día en el barco


Ha sido una semana tan intensa que no sé ni por dónde empezar.
Bueno, empezaremos por el principio y a ver si me acuerdo de todo, porque si os digo la verdad, llegó un momento en que no sabía dónde estaba ni qué día era.


Contratamos un crucero con el Costa Luminosa. El barco partía desde Venecia y recorría Bari, El Pireo (Atenas), Katakolon, Corfú, Dubrovnik y regresaba a Venecia. Apenas disponíamos de unas horas en cada puerto, pero creo que la gracia del viaje en un crucero radica en la vida dentro del barco. Hay un grupo de animadores que se deja la piel cada día para que los clientes estén siempre entretenidos y dispongan de una amplia oferta de actividades entre las que elegir.

La Acrópolis de Atenas

El primer día lo pasamos viajando. Primero el vuelo de Barcelona a Venecia y de allí en autocar a Trieste, ya que el barco no pudo entrar en la ciudad de los canales a causa de la niebla. Llegamos ya de noche y nos impresionó la magnitud de la nave, era ciertamente una ciudad flotante con restaurantes, tiendas, teatro, bares, discotecas, de todo.


Olympia
Nuestro camarote disponía de una terraza con balcón donde podíamos tomar el sol y contemplar las vistas. El tiempo ha sido magnífico, pero nos ha costado un buen catarro ya que era difícil resistirse a la tentación de contemplar el mar  y dejarse llevar por el magnetismo de las olas en tanto el Costa Luminosa surcaba las aguas.


Nuestra primera parada fue en Bari, un encantador pueblo italiano que conserva su esencia pese a la llegada de los cruceros (veremos cómo está dentro de unos años...). Por ahora se pueden recorrer sus callejuelas estrechas y adoquinadas, ver la ropa tendida en los balcones y a las mujeres haciendo pasta a la puerta de sus casas.

Descansando ante el Costa Luminosa


El día siguiente fue de navegación, pero no nos aburrimos en absoluto: tomamos el sol en la piscina, nos sumergimos en el jacuzzi, bailamos, fuimos al teatro, contemplamos las vistas y un montón de cosas más. Acabamos agotadas.


Al llegar al puerto de El Pireo nos apresuramos a tomar un bus para visitar la Acrópolis y dar un paseo por Atenas. Regresamos al barco y partimos para Katakolon, todavía en Grecia, para visitar Olympia, donde nacieron los juegos olímpicos y aún hoy se realiza la ceremonia de encender la llama cada cuatro años.

Corfú

La verdad es que después de ver la Acrópolis, Olympia me decepcionó bastante: apenas un montón de piedras sin casi nada en pie. Pero el museo, con esculturas  mejor o peor conservadas resultó muy interesante.


La siguiente parada fue Corfú, una bonita isla típicamente griega de la que solo pudimos visitar el centro, sembrado de bonitas iglesias ortodoxas y muchas tiendas. Creo que lo mejor son sus playas, pero el tiempo no daba para más.

Dubrovnik








Dubrovnik era la escala que más ilusión me hacía y no me decepcionó en absoluto. Es una ciudad medieval patrimonio de la humanidad con estrechas calles y empinadas cuestas y un sinfín de escaleras que nos dejaron sin aliento, pero merecía la pena. Tras callejear un par de horas nos llevaron a un montículo desde el que se divisaba toda la ciudad con sus impresionantes murallas. Una maravilla.

Canales de Venecia

Y llegamos a Venecia, punto de inicio y final de nuestro viaje. La entrada al puerto al amanecer es de una belleza indescriptible. Nuestro vuelo salía por la noche, así que disponíamos de tiempo para recorrer las calles, los puentes, la plaza de San Marcos, hacer comprar e hincharnos a tomar fotos.



La Plaza de San Marcos (Venecia)
Ahora, ya en casa, intento recuperarme del agotamiento de una semana que me ha parecido un mes por todo lo que hemos hecho (las vacaciones NO son para descansar) y del catarro, organizar fotos e ir pensando en un nuevo crucero, porque este me ha encantado y no será el último.


Después habrá que ir pensando en ponerse a trabajar, que ya acabó el verano.


Nota: He dejado un reportaje más amplio del crucero en la web Los Viajeros. Mi biblia cuando preparo un viaje.