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sábado, 16 de enero de 2016

Viaje a Tailandia (3): Krabi y las islas del sur

Fin de año en Bangkok

El fin de año en Bangkok fue una locura. Siguiendo el consejo de mi hijo (nunca debí hacerle caso) nos hospedamos en Khao San Road, el barrio mochilero y posiblemente el más animado de la ciudad. Son cuatro calles repletas de bares, restaurantes, tiendas y puestos callejeros, plagadas de jóvenes (y no tan jóvenes). Si normalmente esa zona es un hervidero de gente, la noche de fin de año ya no se podía ni dar un paso, literalmente. No fue fácil salir de allí, y cuando lo logramos nos vimos sorprendidas por el más inesperado contraste: un gran parque lleno a rebosar de gente también, pero en este caso, apaciblemente sentada sobre la hierva y entonando mantras para recibir al nuevo año.

¡Cosas de Bangkok!

Krabi

El primer día del 2016 emprendimos viaje a Krabi, al sur del país. Lo primero que llama la atención al llegar allí (aparte de su indiscutible belleza) es que la mayoría de la población, al contrario que en el resto de Tailandia, es musulmana; las mujeres llevan la cabeza cubierta e incluso vimos algún burka, pero conviven sin problema con los mini-shorts y cortos vestidos de las turistas. Tampoco se ven fotografías del rey por todas partes, omnipresente en otras zonas del país.

Isla Ko Phi Phi





Krabi es un lugar bonito y apacible atravesado por un río y próximo a varias de las islas más idílicas de Tailandia. Fuimos a visitar Ko Phi Phi, isla conocida por haberse rodado allí "La playa", una película protagonizada por Leo di Caprio que no tuvo mucho éxito, creo recordar.

No pudimos disfrutarla mucho tiempo porque el último barco regresaba a Krabi a las 15:30h de la tarde, así que nos tuvimos que conformar con un breve paseo y un baño en una pequeña cala, cerca del puerto.

Haciendo el tonto en la isla de James Bond



Al día siguiente contratamos una excursión para aprovechar mejor el tiempo. Fuimos a Khao Ping Kan, más conocida como la isla de James Bond por haber aparecido en alguna de las películas de la serie, ignoro cuál; comimos en un restaurante flotante y visitamos el "Templo de los monos", situado en una cueva impresionante donde los monos campan a sus anchas en apacible convivencia con los budas y los inevitables turistas.
Después nos dimos un reparador baño en una cascada en medio de la selva y regresamos a Krabi.


Baño en la cascada



Nos esperaba otro largo viaje de regreso a
Bangkok y dos más largos todavía de vuelta a España. Casi perdemos el avión, por cierto, nos confundimos de hora y lo pillamos por los pelos.

Una cosa tengo clara: he de regresar a Tailandia. Esto solo ha sido un pequeño aperitivo :)




martes, 12 de enero de 2016

Viaje a Tailandia (2): Sukhothai y Kanchanaburi

Parque histórico de Sukhothai

En el camino de regreso a Bangkok para pasar  el fin de año antes de continuar hacia el sur, hicimos un par de paradas, una en Sukhothai y otra en Kanchanaburi.

Sukhothai fue la primera capital del reino de Siam entre los años 1257 y 1379. Hoy, su parque histórico, muy bien conservado, es Patrimonio de la Humanidad.

Fue una de las visitas  que más disfruté en mi viaje; era como sumergirse en la historia, podía imaginar el esplendor y la belleza del antiguo reino (recreado en algunas películas), contemplando las impresionantes estatuas de buda, los restos de palacios, columnas, templos, estupas...

Ofrendas entre las raíces de los árboles

También visitamos un monasterio budista precioso que se encontraba junto al río, en el que los monjes oraban ajenos a la curiosidad, los paseos y los clics de las cámaras de los turistas.

Nuestro siguiente destino era Kanchanaburi, cuyo principal reclamo es el Puente sobre el río Kwai, que ni se parece al original (volado en la segunda guerra mundial), ni está sobre el río Kwai, ni es el que vemos en la famosa película de David Lean, que en realidad se rodó en Sri Lanka.
Cascadas de Erawan

La oferta turística se completa con la visita al cementerio de los aliados (un montón de lápidas visibles desde la carretera), el tren de la muerte, y el museo de la guerra. Como veis, todo muy estimulante...

A mí no me interesaba nada de eso. Dónde yo quería ir era a las Cascadas de Erawan, de las que había leído maravillas en los foros de viajeros. Se encuentran en el Parque Nacional de Erawan y están compuestas por un conjunto de siete cascadas a distintos niveles. Un entorno precioso por el que podías pasear y bañarte libremente donde quisieras; la única pega era que parecía la playa de la Barceloneta en pleno mes de agosto... Bueno, paseamos, subimos, bajamos, hicimos fotos; no me bañé, pero me dí el gusto de meter los pies en el agua y dejar que unos diminutos y simpáticos pececillos me hicieran cosquillas y un buen peeling.

Cascadas de Erawan


Siguiente etapa: fin de año en Bangkok y camino a Krabi, ¡por fin el paraíso!

viernes, 8 de enero de 2016

Viaje a Tailandia (1): Bangkok y Chiang Mai

Templo budista  (Bangkok)

Hacía años que me rondaba por la cabeza la idea de vivir unas navidades diferentes, lejos de comilonas, compromisos y excesos  absurdos varios. Y este año, por fin, he conseguido llevarlo a cabo.

Olvidarme de la Navidad, lo que se dice olvidarme, no ha sido del todo posible, ya que, para mi sorpresa, y a pesar de que el 90 % de la población tailandesa profesa el budismo, el 100% es más fiel a su inclinación por los negocios, y cualquier excusa es buena para vender lo que sea: derroche de luz, arbolitos de Navidad, trineos, papás noeles y villancicos por doquier. Eso sí, yo no tenía noción del día de la semana ni la fecha en la que vivía, lo que ya es punto.
Bangkok

Pero pasemos al relato del viaje.

Salimos de Barcelona el 22 de diciembre con destino a Bangkok. Doce horas de vuelo con una escala de tres horas en Doha (Quatar).

La primera sorpresa al llegar a la capital de Tailandia fue comprobar que es una ciudad ruidosa, sucia y en la que reina el caos más absoluto; nada que ver con la exótica imagen que tenemos de ella por las películas y las reminiscencias que nos despierta la lejanía. Poca gente habla inglés, por lo que es difícil entenderse; y todos tratan de engañarte para sacarte dinero. Estresante. Pero pronto aprendimos a defendernos y pudimos disfrutar de la grandiosidad y belleza de sus templos, la comida (no tan picante como temía), la gran variedad de fruta fresca que se ofrece por todas partes, los innumerables y abarrotados mercadillos y el dudoso placer del regateo (que a mí me revienta), solo compensado por los precios increíblemente bajos que se consiguen, aunque siempre te queda la sensación de que te han tomado el pelo...

Navidad en Bangkok

Calorazo. Una media de 32 grados y una humedad altísima.

Pasamos tres días correteando por una ciudad mucho más grande de lo que creíamos y nos perdimos en más de una ocasión (es lo que tiene viajar a la ventura, pero también lo hace más emocionante), y a la tercera noche nos dispusimos a emprender un viaje nocturno en autobús que nos llevaría a Chiang Mai, al norte del país, donde esperábamos encontrar un poco más de paz...


Chiang Mai




Chiang Mai resultó ser más tranquilo, sí, pero
estaba abarrotado de turistas y vendedores de todo como Bangkok, como toda Tailandia. Vimos un montón de templos preciosos y paseamos por los inevitables mercadillos. Nos hubiera gustado visitar una reserva de elefantes y alguna otra población cercana, pero Tailandia es mucho más grande de lo que parece y el tiempo no daba para más.








Vendedora de "bichos" en el mercado



Después de otros tres días en Chiang Mai, de nuevo hacia Bangkok haciendo un par de paradas por el camino, en Kanchanamuri (cascadas de Erawan) y en Sukhothai.
Pero eso os lo cuento la próxima semana.