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domingo, 8 de marzo de 2026

El día Internacional de la mujer no es una fiesta

 


No nos felicitéis, no nos felicitemos por ser mujeres en un día en el que se conmemora la atrocidad endémica contra nosotras.

En lo que llevamos de 2026 han asesinado en nuestro país a 10 mujeres, y a 2 niños por violencia vicaria, seguramente hay miles de víctimas silenciosas que sufren a diario la violencia machista y no sabemos de ellas hasta que son noticia en un programa de televisión porque el maltratador ha acabar con ellas.

Hay otras violencias contra las mujeres igual de dramáticas aunque no tengan resultado de muerte: laborales, sociales, incluso políticas.

No hay nada que celebrar, hay que reflexionar, estar unidos hombres y mujeres en esta lucha porque también os incumbe a vosotros. Hoy me ha dicho un amigo que de alguna manera se siente culpable de todo el mal que han sufrido y sufren las mujeres, por el mero hecho de ser hombre.

No, amigos, no sois culpables por ser hombres, pero sí lo sois si pensáis que esto no va con
vosotros porque  no maltratáis a ninguna mujer, pero tampoco hacéis nada por apoyarnos en nuestra lucha en busca de esa igualdad y ese respeto que merecemos al igual que vosotros; por esos micromachismos que quizá ni siquiera percibís: un comentario, una mirada irrespetuosa, una forma de pensar que ni siquiera es consciente, que habéis heredado, pero que perpetuáis por falta de reflexión. 

Id a las manifestaciones, apoyad a las mujeres a diario con pequeños detalles que demuestran respeto por vuestras compañeras de trabajo, vuestras esposas, hermanas, madres, hijas, desconocidas...


Me diréis que también hay mujeres machistas. Cierto. Hay madres que educan como las educaron, hay mujeres que esperan un comportamiento especial de los hombres porque saben que son objetos de deseo (sí, objetos) y, aunque suene crudo, ellas mismas se ponen un precio, muchas veces sin darse cuenta. Es lamentable y un retroceso para la dignidad las mujeres que se valoran como personas.

La sociedad está sufriendo un retroceso alarmante en todos los sentidos, en los avances alcanzados con sangre, sudor y lágrimas durante muchos años por las mujeres, también. 

¡Cuidado! No lo permitamos, ni hombres ni mujeres, y sigamos avanzando unidos.



domingo, 25 de noviembre de 2012

Homenaje a las víctimas de la violencia machista

UN PERRO GIGANTE DE PELUCHE
 
Hoy papá ha vuelto a pegar a mamá. Se ha enfadado porque no le ha gustado la sopa. No sé por qué, yo creo que estaba muy rica. Pero cuando papá la ha probado ha soltado la cuchara de golpe y nos ha salpicado a mamá y a mi. Mamá ha seguido comiendo; a veces, si no le hace caso, papá se calla o se va dando un portazo. Pero hoy no se ha callado ni se ha ido; ha cogido el plato y se lo ha tirado encima. Seguro que mamá se ha quemado, porque la sopa estaba muy caliente. A mi me ha entrado una rabia muy rara, y casi sin darme cuenta, le he gritado a papá que la dejase en paz. Entonces papá se ha puesto muy rojo y me ha cogido del brazo tan fuerte que me ha hecho daño, y cuando mamá se ha metido en medio para defenderme le ha pegado una bofetada que la ha tirado al suelo. “¡Vete a tu habitación!”, me ha gritado papá. Yo no sabía qué hacer, no quería dejar sola a mamá, que estaba en el suelo llorando, pero ella me ha mirado como si me pidiera por favor que me fuera, y me he ido. Me he escondido en el armario con mi perro gigante de peluche y me he tapado los oídos. Papá siempre se está enfadando con mamá; dice que es vaga, sucia y tonta. Pero yo sé que mamá no es nada de eso. Mamá trabaja mucho, se levanta todos los días la primera y le prepara el desayuno a papá, después me despierta, desayunamos, me lleva al cole, hace la compra, limpia muy bien toda la casa, hace la comida, me recoge del cole, me ayuda a hacer los deberes, y me baña, y más tarde se baña ella y se pone muy guapa para que papá esté contento cuando llegue de trabajar. A papá le gusta verla siempre muy guapa y que huela muy bien, por eso yo se que mamá no es vaga ni sucia, como dice papá, y tampoco es tonta; siempre que le pregunto algo sabe la respuesta, y si es muy difícil la buscamos juntos en la enciclopedia. En cambio, cuando le pregunto algo a papá siempre me contesta: “pregúntaselo a tu madre”. Así que no sé…
 
Me gusta más cuando papá no está. Cuando estamos solos mamá y yo lo pasamos muy bien y está contenta; en cambio, cuando está papá llora mucho porque papá se enfada con ella y le grita muy fuerte. Mamá quiere hacerlo todo muy bien para que papá no se enfade, pero se ve que siempre hace algo mal… papá dice que la quiere mucho y que por eso tiene que castigarla, para que aprenda. Pero cuando yo hago una travesura en el cole la “seño” no me pega ni me grita, solo me regaña un poquito y luego sonríe para que yo sepa que ya no está enfadada conmigo.

A veces me quedo dormido en el armario con mi perro gigante de peluche y sueño que soy grande y defiendo a mamá, y papá se asusta de mí y se va muy lejos y no vuelve nunca más. Pero cuando me despierto sigo siendo pequeño y mamá está llena de moratones, y cuando tenemos que salir de casa se pone maquillaje para disimular, pero igual se le nota un poco y las vecinas la miran raro, como si supieran lo que pasa y les diera mucha pena, pero no dicen nada. Yo tengo ganas de gritarles que papá ha vuelto a pegar a mamá y que le digan que eso no está bien, pero mamá dice que no se lo tengo que contar a nadie, y yo me callo. Tampoco quiere que les diga nada a los abuelos, dice que no me creerían; cuando vamos a su casa, papá siempre es muy simpático y se porta muy bien con mamá; los abuelos dicen que tuvo mucha suerte al encontrarle.

Los papás de mis amigos no pegan a las mamás. A mi me dan un poco de envidia, pero de la buena. Me gustaría que papá, mamá y yo fuésemos juntos al cine o de excursión, como hacen ellos, y que habláramos y nos riésemos. Pero en casa nunca nos reímos…

He estado mucho rato en el armario abrazado a mi perro gigante de peluche sin poder parar de llorar mientras mamá y papá gritaban en el salón. Ahora ya no se oye nada. A lo mejor papá se ha ido.

Me acerco de puntillas como cuando juego al escondite con mamá, pero ella no me persigue porque está tumbada en el suelo del salón, muy quieta. Se habrá quedado dormida. Papá no está. Mamá tiene sangre en la cabeza. La llamó, pero no se despierta. No me gusta verla así, se le va a manchar el pelo con la sangre. Quiero que se levante y se limpie, y que nos vayamos a la cama y nos durmamos abrazados, y que me diga como otras veces que no me preocupe, que todo se arreglará. Afuera está oscuro, mamá no se despierta y yo no se qué hacer. Tengo miedo. Me quedo a su lado muy quieto, con mi perro gigante de peluche. “Mamá…mamá…”.